La manzana.

baby

 

La manzana  siempre ha sido una fruta que me ha costado incluir en mi dieta, hoy en uno de mis innumerables intentos me acordado de mi historia con ella.

Tenía seis años, estaba en clase de religión cuando me contaron que Adán y Eva fueron expulsados del paraíso por comerse una manzana. Cuando mi profe acabó, levanté la mano y le pregunté por qué me obligaba Aurora, la supervisora en el comedor del cole, a comerme la manzana que solía ser casi siempre el postre y que yo detestaba, cuando habían echado a Adán y Eva del paraíso por comerse una.

Mi profesora no supo qué contestarme así que nos mandó deberes y a callar.

Unos pocos días después me quedaba a comer en el cole, cosa que me encantaba porque así podía jugar un ratito más con mis amigos y a pesar de que a mi madre no le hacía demasiada gracia porque prefería que comiera en casa, llegábamos al acuerdo: si recogía los juguetes después de jugar durante tres días seguidos el premio era quedarme un día en el comedor.

Ese día era como otro más me comí todo hasta llegar al postre, siempre he comido muy bien pero el postre nunca ha sido mi fuerte, siempre he preferido comerme el postre de merienda. Tenía mi plan hecho, estuve remoloneando hasta que Aurora se entretuvo en ayudar a un niño a comerse todo el plato y ahí corrí, guardé la manzana en mi baby y me iba a tirar la manzana al contenedor de basura próximo cuando de repente ahí estaba Aurora.

– ” Carmen ¿te has comido todo?”

Le conteste que sí confiando en resultar convincente ya que mentir nunca ha sido mi punto fuerte.

– “¿Y el postre?

-” También”

-“¿Qué tienes en el bolsillo del baby? Vacíate el bolsillo.

Adiós a mi plan de huída, me había pillado y me iba a obligar a comerme la dichosa manzana. Mientras me preguntaba dónde había fallado mi plan, me fui sacando la manzana. Ella sonrió al verme avergonzada, me tendió la mano y se la di.

Estaba en pelarla para que me la comiera cuando me acordé: – “Aurora, no voy a comerme la manzana. El otro día mi profe nos dijo que Dios echó a Adan y Eva del paraíso por comerse una y yo no estoy en el Paraíso pero a mi Dios no me echaría porque no voy a comer ninguna más, las de antes como no lo sabía no cuentan ¿verdad?”

Aurora nunca me contestó, ni me explicó nada pero a partir de ese día pude dejarme el postre sin que ella me dijera nada.

Tardé unos años en entender el malentendido con la manzana y en por qué nadie me explicaba por qué me obligaban a hacer algo que se suponía que era pecado. Bendita inocencia la de los niños ¿verdad?

 

 

 

 

 

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