El amor de mi vida

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Hacía apenas unas horas que llevaba dentro del vagón y ya estaba harta
pero aún le quedaba un largo viaje, -“si irnos de viaje buena idea,
nos hará bien” .- Se repetía.

Hacía como una hora que él se había quedado dormido, ahora mirándolo parecía un niño dormía plácidamente mientras que le caía un mechón en la cara del desordenado pelo.

Verlo le calmaba, suspiró, apenas conseguía recordar cuantas veces le había visto dormir  y en realidad ¿qué importaba?

Sonrió al recordar cuando le conoció, ella tenía tres años su madre le había explicado que ya era mayor y tenía que empezar el cole, la verdad que le aterraba la idea de tener que dejar a su mama en casa e ir a un sitio que por la descripción de mami sería grande y atestado de gente desconocida…
Prefería quedarse en la comodidad se su casa, aún así el día llegó,sobra decir que se paso la noche anterior abrazando fuertemente a su osito y casi sin dormir, estaba demasiado nerviosa, pensó en ponerse su vestido preferido,ese vestido rosa chicle precioso.

Al amanecer, no soporto más la espera, se levantó y fue a la cama de su mami, ella la cogió y la metió en la cama hasta las ocho.
Se preocupó de ir vestida bien, ya que iba a un sitio horrible, al menos ella estaría guapa.

Al llegar, vio que el sitio era peor de lo que había imaginado, más grande, más gente… Según lo veía, se iba viendo más y más pequeñita. Se abrazo a su madre suplicando que no la dejara allí solita, ya había sido suficiente horrible pasar los últimos días del verano en la cama con picores, calor y esos horribles granos, varicela según mami, para que encima y colmo de males iba a empezar el curso tarde por culpa de esa tal varicela,
así que todos se conocerían.

Estaba negociando por enésima vez la vuelta a casa, cuando apreció un niño con el pelo desordenado, naranja oscuro, con pecas, ojos simpáticos marrones y una bonita sonrisa,
se acercó a ellas y le pregunto: -“¿Tu primer día?”-
Ella que seguía aferrada a la pierna de su madre, asintió, el sonrió: -“Tranquila, no es tan horrible como parece, si quieres te acompaño”- Le tendió la mano y sin saber muy bien porque soltó a su madre y se fue con él.

Él siempre contaba esta historia cuando les preguntaba cuando se habían enamorado.
Aunque había sido inseparables desde ese día, exceptuando unos años que se sentían demasiado raros estando juntos como para hacerlo. Realmente no empezaron a estar juntos hasta los dieciséis, sí tardaron más de la cuenta en darse cuenta del motivo por el cual se sentían raros juntos.

El instituto fue la época más feliz con él, la universidad no fue mal, pero lo paso mal el año que él decidió irse de Erasmus ya que apenas se vieron, hablar todos los días y el sexo telefónico estaba bien pero él no estaba a su lado.
Tampoco fue fácil cuando al acabar la universidad ella consiguió una beca de trabajo en el extranjero, había conocido a mucha gente, chicos realmente atractivos y encantadores,
amigas increíbles y gente bastante cruel, en ese tiempo empezó a preguntarse más seguido¿cómo seria estar con otro?
Ella estaba convencida de que le quería, estar con el era tan fácil y necesario…
y ¿para que engañarnos? En el sexo siempre acababa,cosa que según sus amigas contaban ellas no siempre conseguían, ellas siempre le decían la suerte que tenia
pero sus amigas no entendían, que a veces ella las envidiaba, quería esa libertad,
quería poder comparar aunque fuera solo con uno, solo como prueba,
aunque le aterraba la idea de hacerle eso.

Esto añadido a que los dos últimos años, apenas se habían visto hizo que se distanciaran,
habían decidido hacer un viaje en tren para intentar volver a tener esa relación que tenían, él había intentado hablar con ella, ella se avergonzaba de querer algo tan absurdo y por nada del mundo le haría daño.

Se había quedado perdida en sus meditaciones, al volverlo a mirar, seguía dormido con carita de felicidad, sonrió, ese chico era su mejor amigo, sin duda la persona que mejor la conocía, la persona que tenia como indispensable en su vida, esa persona que siempre le hacia reír,el era: su amante, su consuelo en los días malos, su… bueno el era su todo, ahí lo vió todo claro.¡Qué estupidez!

Se sentó al filo de su cama, le aparto el mechón, él se despertó, se quedo mirándola durante un segundo, sonrió y le dijo: “bienvenida a casa, cielo”.

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